Del campo a la política: cómo los agricultores están cambiando Europa

Del campo a la política: cómo los agricultores están cambiando Europa
Alemania

Las manifestaciones, que han visto a miles de tractores avanzar solemnemente por las arterias urbanas, no solo son un espectáculo para la vista, sino también un fuerte recordatorio de las tensiones que se gestan en el corazón del sector agrícola europeo. Los agricultores, cuyas vidas se entrelazan con el ritmo de las estaciones y el tilín de las campanas del mercado, claman por un cambio. Solicitan que cese la regulación de sus actividades agrícolas, alegando que enfrentan una competencia desleal con países que ofrecen productos a menores costos y están sujetos a normativas ambientales más laxas.

Este sentimiento de injusticia se ha agudizado en Alemania, donde el canciller Olaf Scholz está atrapado en una tormenta política y económica. La amenaza de una segunda recesión consecutiva se cierne sobre la nación, y las protestas de agricultores y trabajadores ferroviarios añaden presión a un gobierno que se tambalea ante la pérdida de apoyo y el ascenso de partidos de extrema derecha como el AfD. El desvío de fondos previamente destinados a la pandemia hacia la fabricación de semiconductores y la energía verde ha inflamado los ánimos de los agricultores, quienes ven cómo su medio de vida se desvanece ante sus ojos mientras proclaman que sin ellos no hay comida ni futuro.

En el este de Europa, Polonia y Rumania enfrentan su propio calvario. Las protestas agrícolas se han entrelazado con temas geopolíticos más amplios, como la eliminación de los derechos de aduana sobre los productos ucranianos, una medida que, si bien solidaria con Ucrania, se percibe como un golpe a la competitividad de los agricultores locales.

Pero no son solo los movimientos de izquierda o antiglobalización los que se han apropiado de estas voces de descontento. Sorprendentemente, los movimientos de extrema derecha han abrazado esta causa, cosechando simpatía y apoyo en un terreno fértil marcado por la frustración y la desconfianza hacia las élites políticas. Estos grupos van desde los libertarios euroescépticos hasta los neofascistas rurales, todos buscando capitalizar el malestar de los agricultores en vísperas de elecciones cruciales.

Marion Maréchal, una figura prominente del partido de extrema derecha francés Reconquête y sobrina de Marine Le Pen, ha sido una de las caras más visibles en estas protestas, afirmando que la soberanía nacional y la lucha agrícola van de la mano. La polarización entre los conservadores moderados y la nueva derecha antiglobalización está más clara que nunca.

En este contexto, el Pacto Verde Europeo, impulsado por el Partido Popular Europeo y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se encuentra bajo escrutinio. A pesar de los intentos de von der Leyen por dialogar con el sector agrícola, la realidad es que la acumulación de crisis institucionales y legítimas preocupaciones de los agricultores está desencadenando una reacción en cadena, rememorando la ola de 2016 que vio eventos disruptivos como el Brexit y la elección de Trump.

Las protestas agrícolas en Europa no son solo un grito de ayuda de una industria en apuros; son un síntoma de una desconexión más profunda y una señal de advertencia a las élites políticas y económicas de que los cimientos de la unidad europea y la política agrícola están siendo cuestionados como nunca antes.